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Consagración individual al Inmaculado Corazón de María


Oh, Virgen mía, Oh, Madre mía,
yo me ofrezco enteramente a tu Inmaculado Corazón
y te consagro mi cuerpo y mi alma,
mis pensamientos y mis acciones.

Quiero ser como tú quieres que sea,
hacer lo que tú quieres que haga.
No temo, pues siempre estás conmigo.
Ayúdame a amar a tu hijo Jesús,
con todo mi corazón y sobre todas las cosas.

Pon mi mano en la tuya para que esté siempre contigo.



Consagración del hogar y la familia al Inmaculado Corazón de María


¡Oh Virgen María!, queremos consagrar hoy nuestro hogar y cuantos lo habitan

a vuestro Purísimo Corazón.
Que nuestra casa, como la tuya de Nazaret, llegue a ser un oasis de paz y felicidad por:
   -  el cumplimiento de la voluntad de Dios,
   -  la práctica de la caridad,
   -  y el abandono a la Divina Providencia,

¡Que nos  amemos  todos como Cristo  nos enseñó!. Ayúdanos a vivir siempre cristianamente

y envuélvenos en tu ternura.

Te pido por los hijos que Dios nos ha dado (se citan los nombres) para que los libres de todo mal

y peligro de alma y cuerpo, y los guardes dentro de Tu Corazón Inmaculado.

Dígnate, Madre nuestra, transformar nuestro hogar en un pequeño cielo, consagrados

todos a vuestro Corazón Inmaculado. Amén.

¡Corazón Inmaculado de María, sálvanos!



​¿Qué es la Consagración al Inmaculado Corazón de María?

Una promesa de amor en donde se le da todo lo que la familia es, tiene y hace a Jesús

a través del Corazón Inmaculado de la Virgen María, para vivir plenamente entregados

a la voluntad del Padre.

La familia se abandona en las manos de la Virgen María para que ella ejerza su papel

de Madre espiritual, de Mediadora de las gracias, de Abogada y de Reina.

La meta final de toda consagración es Jesús; La Virgen María es el medio eficaz para alcanzar

mayor unión con Cristo y es fuente de protección maternal contra Satanás.

Por medio de la consagración, los miembros de la familia han de llegar a ser como San José, totalmente dedicados a Jesús y a María. Deben pedir a Dios la gracia de vivir fieles

a esta consagración, reconociendo que pertenecen a los Corazones de Jesús y de María,

quienes han de ser el centro de cada aspecto de sus vidas, decisiones, relaciones, etc.

¿Cuáles son los frutos de la Consagración al Inmaculado Corazón de María?

Permitirá a la Virgen Santísima usar libremente su poder de intercesión y de santificación

para el crecimiento de su familia en la gracia.

La Virgen  respeta la voluntad de cada uno y por eso espera a que la familia se consagre

libremente para entonces ejercer su misión plenamente. Primero hay que abrir las puerta

s y luego responder fielmente a todo cuanto pide la Virgen para acercarnos al Corazón de Jesús.

La Virgen María será Fuente de Protección: Por la decisión libre que han tomado, su familia pertenece a al Corazón de María, y serán protegidos espiritualmente.

Les obtendrá gracias para vivir en la virtud y les ayudará a abrir sus corazones para vivir

las virtudes que se encuentran en los Corazones de Jesús y María. Especialmente la humildad,

la mansedumbre, el amor sacrificial, la pureza y la obediencia

También les ayudará a ejercer las virtudes que construyen y mantienen la unidad de familia,

como la  paz, el orden, el respeto, la delicadeza, el pensar primero en el otro, la abnegación,

la comunicación y sobre todo la caridad.


¿Cómo debe vivir una Familia consagrada al Corazón Inmaculado de María?

-Fidelidad a la Iglesia y a los Sacramentos, especialmente la Eucaristía y la Confesión habitual.

-Oración, personal y familiar, especialmente el rezo del Santo Rosario con frecuencia.

-Tener una imagen del Corazón Inmaculado de María en un lugar destacado del hogar

-Apoyar a su parroquia de la manera que ustedes puedan (con su tiempo, con recursos, etc.)

-Ser generosos en las necesidades de los demás.

-Renovar regularmente la oración de Consagración de la familia al Corazón Inmaculado de María.




¿Por qué honramos el Inmaculado Corazón de María?

San Juan Pablo II expresó: “De María aprendemos a amar a Cristo, su Hijo y el Hijo de Dios…

De ella aprendemos a ser siempre fieles, a confiar en que la Palabra de Dios se cumplirá

en nosotros, que nada es imposible para Dios.”

Cuando honramos al Inmaculado Corazón de María, honramos también a Jesús.

Al honrar a la Madre, se honra al Hijo. Además, María también es nuestra madre

(cf Apocalipsis 12,17), y su corazón de madre es incomparable. San Luis de Montfort afirmó:

“Ni todo el amor de todas las madres alcanzaría a equiparar el amor del corazón de María

por sus hijos”.



Fiesta del Inmaculado Corazón de la Virgen María















María, Madre de Jesús y nuestra, nos señala hoy su Inmaculado Corazón. Un corazón que arde

de amor divino, que rodeado de rosas blancas nos muestra su pureza total y que atravesadoo

por una espada nos invita a vivir el sendero del dolor-alegría.

La Fiesta de su Inmaculado Corazón nos remite de manera directa y misteriosa al Sagrado

Corazón de Jesús. Y es que en María todo nos dirige a su Hijo. Los Corazones de Jesús y María

están maravillosamente unidos en el tiempo y la eternidad...


La Iglesia nos enseña que el modo más seguro de llegar a Jesús es por medio de su Madre.

Por ello, nos consagramos al Corazón de Jesús por medio del Corazón de María.

Esto se hace evidente en la liturgia, al celebrar ambas fiestas de manera consecutiva,

viernes y sábado respectivamente, en la semana siguiente al domingo del Corpus Christi.

Santa María, Mediadora de todas las gracias, nos invita a confiar en su amor maternal, a dirigir nuestras plegarias pidiéndole a su Inmaculado Corazón que nos ayude a conformarnos

con su Hijo Jesús.

Venerar su Inmaculado Corazón significa, pues, no sólo reverenciar el corazón físico

sino también su persona como fuente y fundamento de todas sus virtudes.

Veneramos expresamente su Corazón como símbolo de su amor a Dios y a los demás.

El Corazón de Nuestra Madre nos muestra claramente la respuesta a los impulsos

de sus dinamismos fundamentales, percibidos, por su profunda pureza, en el auténtico sentido.

Al escoger los caminos concretos entre la variedad de las posibilidades, que como a toda persona

se le ofrece, María, preservada de toda mancha por la gracia, responde ejemplar y rectamente

a la dirección de tales dinamismos, precisamente según la orientación en ellos impresa

por el Plan de Dios.

Ella, quien atesoraba y meditaba todos los signos de Dios en su Corazón, nos llama a esforzarnos

por conocer nuestro propio corazón, es decir la realidad profunda de nuestro ser,

aquel misterioso núcleo donde encontramos la huella divina que exige el encuentro

pleno con Dios Amor.

 
















La historia de la devoción del Inmaculado Corazón se inicia en el siglo XVII,

como consecuencia del movimiento espiritual que procedía de San Juan Eudes.

Más adelante, en diciembre del año 1925 la Virgen Santísima se le apareció a Lucía Martos,

vidente de Fátima, y le prometió asistir a la hora de la muerte, con las gracias necesarias

para la salvación, a todos aquellos que en los primeros sábados de cinco meses consecutivos,

se confesasen, recibieran la Sagrada Comunión, rezasen una tercera parte del Rosario,

con la intención de darle reparación.

En la tercera aparición de Fátima, Nuestra Madre le dijo a Lucía: "Nuestro Señor quiere

que se establezca en el mundo la devoción al Corazón Inmaculado. Si se hace lo que te digo

se salvarán muchas almas y habrá paz; terminará la guerra.... Quiero que se consagre

el mundo a mi Corazón Inmaculado y que en reparación se comulgue el primer sábado

de cada mes.... Si se cumplen mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz....

Al final triunfará mi Corazón Inmaculado y la humanidad disfrutará de una era de paz."

En un diálogo entre Lucía y Jacinta, ella, de diez años, dijo a Lucía:

"A mí me queda poco tiempo para ir al Cielo, pero tú te vas a quedar aquí abajo para dar

a conocer al mundo que nuestro Señor desea que se establezca en el mundo la devoción

al Corazón Inmaculado de María".

"Diles a todos que pidan esta gracia por medio de ella y que el Corazón de Jesús desea

ser venerado juntamente con el Corazón de su Madre. Insísteles en que pidan la paz

por medio del Inmaculado Corazón de María, pues el Señor ha puesto en sus manos

la paz del mundo."

El Papa Pío XII, el 31 de Octubre de 1942, al clausurarse la solemne celebración en honor

de las Apariciones de Fátima, conforme al mensaje de éstas, consagró el mundo

al Inmaculado Corazón de María.

Asimismo, el 4 de mayo de 1944 el Santo Padre instituyó la fiesta del Inmaculado

Corazón de María, que comenzó a celebrarse el 22 de Agosto. Ahora tiene lugar

el Sábado siguiente al Segundo Domingo de Pentecostés.

 

















María, signo de la caridad cristiana

1. La constitución dogmática Lumen Gentium nos enseña que la Iglesia católica

nunca se ha cansado - y sin duda no lo hará jamás - de reclinarse filialmente sobre

el Rostro glorioso de su Madre, para escrutar amorosamente el misterio insondable.

Si María, como lo canta la liturgia del rito bizantino, es un “abismo insondable para los ojos

de los Ángeles y una cumbre inaccesible para los razonamientos humanos” , se comprende

que siempre forme parte de la contemplación de la Iglesia y que suscite la reflexión

incansablemente renovada de sus teólogos.

En el misterio de María se expresa, de manera maravillosamente privilegiada y única,

el amor eterno de las Personas divinas por las personas angélicas y humanas; el amor de Cristo

por su Iglesia.

Todos los misterios, todas las situaciones, todos los actos, todas las palabras, todas las decisiones libres, todos los privilegios* de María, en la economía de la salvación, expresan la ardiente

caridad de su Corazón traspasado y glorioso  por las sociedades humanas, angélica y divina

y por la Iglesia, de la que es miembro y madre. Esta misma caridad es el más perfecto

reflejo puramente creado del Amor increado.

Desearíamos, pues, enfocar la totalidad del misterio mariano desde la perspectiva del Corazón

de María y de su difusión eclesial. Esperamos, de esta manera, hacer fructificar - al menos

en parte - las admirables intuiciones que tuvo Scheeben en el siglo XIX:

“En María, el corazón es el centro vital de la persona: la representa como tal en su carácter

personal de Madre; corazón que es órgano de la maternidad corporal como de la maternidad espiritual. Toda la posición y la actividad de María se resumen en la noción del Corazón místico

del Cuerpo místico de Cristo” .

Scheeben fue replicado, indudablemente de manera inconsciente en nuestro siglo, por el teólogo ortodoxo ruso V. Iljin quien expresaba así el alcance eclesial de su fe personal

en la Inmaculada Concepción:

“María es el Corazón de la Iglesia. En la confesión de su pureza radical y original, es decir

de su indivisibilidad, de su “tsélomoudriia” (castidad y también todo sabiduría) está contenida

el testimonio de la unidad ya realizada de la Iglesia, y la prenda de su realización exterior

y empírica; es decir, de la entrada en la Iglesia de la cantidad prefijada de elegidos” .

Consideraremos, entonces, al Corazón de María como corazón maternal de la Iglesia;

primero en el dogma y en el culto mariano, apoyándonos sobres las inacabables enseñanzas

de la Biblia y de los Padres, bajo la guarda vigilante del Magisterio, cuya expresión privilegiada

es la liturgia. Luego, en una segunda parte, examinaremos de manera especial los problemas teológicos y las ventajas ecuménicas y pastorales vinculadas a la afirmación:

el Corazón Inmaculado de María es miembro eminente y Corazón del Cuerpo Místico

de Cristo.

 

Acto de Consagración al Inmaculado Corazón de María por el Papa Pio XII
















¡Oh Reina del Santísimo Rosario, auxilio de los cristianos, refugio del género humano,

vencedora de todas las batallas de Dios! Ante vuestro Trono nos postramos suplicantes,

seguros de impetrar misericordia y de alcanzar gracia y oportuno auxilio y defensa

en las presentes calamidades, no por nuestros méritos, de los que no presumimos,

sino únicamente por la inmensa bondad de vuestro maternal Corazón.

En esta hora trágica de la historia humana, a Vos, a vuestro Inmaculado Corazón, nos entregamos

y nos consagramos, no sólo en unión con la Santa Iglesia, cuerpo místico de vuestro Hijo Jesús,

que sufre y sangra en tantas partes y de tantos modos atribulada, sino también

con todo el Mundo dilacerado por atroces discordias, abrasado en un incendio de odio

, víctima de sus propias iniquidades.

Que os conmuevan tantas ruinas materiales y morales, tantos dolores, tantas angustias

de padres y madres, de esposos, de hermanos, de niños inocentes; tantas vidas cortadas en flor, tantos cuerpos despedazados en la horrenda carnicería, tantas almas torturadas y agonizantes,

tantas en peligro de perderse eternamente.

Vos, oh Madre de misericordia, impetradnos de Dios la paz; y, ante todo, las gracias

que pueden convertir en un momento los humanos corazones, las gracias que preparan,

concilian y aseguran la paz. Reina de la paz, rogad por nosotros y dad al mundo en guerra la paz

por que suspiran los pueblos, la paz en la verdad, en la justicia, en la caridad de Cristo.

Dadle la paz de las armas y la paz de las almas, para que en la tranquilidad del orden

se dilate el reino de Dios.

Conceded vuestra protección a los infieles y a cuantos yacen aún en las sombras de la muerte; concédeles la paz y haced que brille para ellos el sol de la verdad y puedan repetir con nosotros

ante el único Salvador del mundo: Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres

de buena voluntad.

Dad la paz a los pueblos separados por el error o la discordia, especialmente a aquellos

que os profesan singular devoción y en los cuales no había casa donde no se hallase

honrada vuestra venerada imagen (hoy quizá oculta y retirada para mejores tiempos),

y haced que retornen al único redil de Cristo bajo el único verdadero Pastor.

Obtened paz y libertad completa para la Iglesia Santa de Dios; contened el diluvio inundante

del neopaganismo, fomentad en los fieles el amor a la pureza, la práctica de la vida cristiana

y del celo apostólico, a fin de que aumente en méritos y en número el pueblo de los que

sirven a Dios.

Finalmente, así como fueron consagrados al Corazón de vuestro Hijo Jesús la Iglesia

y todo el género humano, para que, puestas en El todas las esperanzas, fuese para ellos señal

y prenda de victoria y de salvación; de igual manera, oh Madre nuestra y Reina del Mundo,

también nos consagramos para siempre a Vos, a vuestro Inmaculado Corazón, para que

vuestro amor y patrocinio aceleren el triunfo del Reino de Dios, y todas las gentes,

pacificadas entre sí y con Dios, os proclamen bienaventurada y entonen con Vos,

de un extremo a Otro de la tierra, el eterno Magníficat de gloria, de amor,

de reconocimiento al Corazón de Jesús, en sólo el cual pueden hallar la Verdad,

la Vida y la Paz.




Oración al Inmaculado Corazón

"Acuérdate, Nuestra Señora del Sagrado Corazón,
de las maravillas que el Señor hizo en ti:
Te eligió por madre y te quiso junto a su cruz.

Hoy te hace compartir su gloria y escucha tus súplicas.
Ofrécele nuestras alabanzas y nuestra acción de gracias.
Preséntale nuestras peticiones.
(Aquí se pide la gracia que se desea obtener)

Haznos vivir, como tú, en el amor de tu Hijo,
para que venga a nosotros su reino.

Conduce a todos los hombres
a la fuente de agua viva que brota de su Corazón,
derramando sobre el mundo
la esperanza y la salvación, la justicia y la paz.

Mira nuestra confianza, atiende nuestra súplica
y muéstrate siempre Madre nuestra. Amén"

(Seguidamente rezáis un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria)

 




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MINISTERIO CATOLICO MISIONERO DE EVANGELIZACION 

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A A DONDE MANDES...IREMOS

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CONSAGRACION AL INMACULADO CORAZON DE MARIA