Oraciones al Divino Niño Jesús

Oración al Niño Jesús para verse libre de peligros.

Señor Dios, rey Omnipotente: en tus manos están puestas todas las cosas. Si quieres salvar

a tu pueblo nadie puede resistir a tu voluntad. Tú hiciste el cielo y la Tierra y todo cuanto

en ellos se contiene. Tú eres el dueño de todas las cosas. ¿Quién podrá pues resistir a tu Majestad? Señor Dios de nuestros padres: ten misericordia de tu pueblo porque los enemigos del alma

quieren perdernos y las dificultades que se nos presentan son muy grandes, tú has dicho:

"Pedid y se os dará. El que pide recibe. Pero pedid con fe". Escucha pues nuestras oraciones.

Perdona nuestras culpas. Aleja de nosotros los castigos que merecemos y haz que nuestro llanto

se convierta en alegría, para que viviendo alabemos tu Santo Nombre y continuemos alabándolo eternamente en el cielo. Amén.

Súplica para tiempos difíciles.

Divino Niño Jesús:
Tengo mil dificultades: ayúdame.
De los enemigos del alma: sálvame.
En mis desaciertos: ilumíname.
En mis dudas y penas: confórtame.
En mis soledades: acompáñame.
En mis enfermedades: fortaléceme.
Cuando me desprecien: anímame.
En las tentaciones: defiéndeme.
En las horas difíciles: consuélame.
Con tu corazón paternal: ámame.
Con tu inmenso poder: protégeme.
Y en tus brazos al expirar: recíbeme. Amén.

Plegaria para obtener serenidad.

Niño Jesús: Tú eres el Rey de la Paz, ayúdame a aceptar sin amarguras las cosas

que no puedo cambiar.

Tú eres la fortaleza del cristiano; dame valor para transformar aquello que en mí debe mejorar.

Tú eres la sabiduría eterna; enséñame en cada instante cómo debo obrar para agradar más

a Dios y hacer mayor bien a las demás personas. Te lo suplico, por los méritos de tu infancia

a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.



Un minuto con el Niño Jesús

Bendíceme, Niño Jesús y ruego por mí sin cesar.
Aleja de mi hoy y siempre el pecado.
Si tropiezo, tiende tu mano hacia mí.
Si cien veces caigo, cien veces levántame.
Si yo te olvido, tú no te olvides de mí.
Si me dejas Niño, ¿Qué será de mí?
En los peligros del mundo asísteme.
Quiero vivir y morir bajo tu manto..
Quiero que mi vida te haga sonreír.
Mírame con compasión, no me dejes Jesús mío.
Y, al fin, sal a recibirme y llévame junto a ti.
Tu bendición me acompañe hoy y siempre. Amén. Aleluya. (Gloria al Padre).



Novena recomendada por el Padre Juan.

Jesús mío, mi amor, mi hermoso Niño, te amo tanto... Tú lo sabes, pero yo quiero amarte más:

haz que te ame hasta donde no pueda amarte más una criatura, que te ame, hasta morir...

Ven a mí, Niño mío; ven a mis brazos, ven a mi pecho, reclínate sobre mi corazón un instante

siquiera, embriágame con tu amor, Pero si tanta dicha no merezco, déjame al menos

que te adore, que doblegue mi frente sobre el césped que huellas con tus plantas,

cuando andas en el pastoreo de tu rebaño.

Pastorcillo de mi alma, pastorcito mío, mira esta ovejita tuya cómo ansiosa te busca,

cómo anhela por ti. Quisiera morar contigo para siempre y seguirte a donde quiera que fueras

para ser en todo momento iluminada con la lumbre de tus bellísimos ojos y recreada

con la sin par hermosura de tu rostro y regalada con la miel dulcísima que destila de tus labios. Quisiera ser apacentada de tu propia mano y que nunca más quitaras tu mano de ella.

Más, quisiera Jesús mío: quisiera posar mis labios sobre la nívea blancura de tus pies.

Si, amor, mío, no quieras impedirme tanto bien; déjame que me anonade a tus plantas

y me abrace con tus pies y los riegue con las lágrimas salidas de mi pecho amante, encendidas

en el sagrado fuego de tu amor; déjame besarte y después... no quiero más, muérame luego.

Si, muérame amándote, muérame por tu amor, muérame por ti, niño mío que eres sumo bien,

mi dicha, mi hermosura, la dulzura de mi alma, la alegría de mi pecho, la paz de mi corazón,

el encanto de mi vida. Ah, morir enfermo de amor y de amor por ti, luz mía, que dicha

para mi alma, qué consuelo, qué felicidad.

Todo tuyo es mi ser, pues de la nada lo creaste, y me lo diste y otra vez vino a ser tuyo

cuando me redimiste y con el precio de tu sangre me compraste; y otras tantas veces,

hasta hoy he sido tuyo, cuantos son los instantes que he vivido pues esta vida que tengo,

tú mismo a cada instante me la otorgas, la conservas y la guardas.

Por eso, Jesús mío, a ti quiero tornarme, de quien tantos bienes en uno he recibido.

Tú, pues serás, de hoy más mi dueño único. Tú el único amado de mi alma, porque

sólo tú eres mi padre y mi hermano y mi amigo; y solo tú eres mi rey, y creador y redentor,

y tú solo mi Dios y mi soberano Señor.

Dulce Jesús mío Divino Niño de mi alma: dime una vez más que sí me amas y dame en prenda

de amor, de amor eterno, tu santa bendición. En el nombre del Padre y del Hijo

y del Espíritu Santo. Amén.

Rezar tres padrenuestros y una salve, ofrecer, confesarse y comulgar todos los días

de la novena o al menos el último día. No se deje de rezar la novena hasta haber conseguido

la gracia. Se suplica rezar un padrenuestro según la intención del Papa, uno según

la intención del Obispo y uno según la intención del Párroco.

 

Novena de los tres padrenuestros.

Oh Jesús: a tu corazón de Amigo yo vengo a confiar (nombre de persona o necesidad).
Me entrego a tu poder...
Confío en tu sabiduría...
Me abandono a tu misericordia...

Hijo de Dios, Tú bien puedes socorrerme... Padrenuestro...
Redentor mío: Tú sabes cuánto lo necesito... Padrenuestro...
Descanso en la ternura de tu amor...
Padrenuestro...

Oh Jesús: tu Redención todo lo merece.
Tu mediación todo lo alcanza.
Tu amor de Padre, todo lo compadece.
Divino Niño Jesús, en ti confío (cinco veces).

Oh Jesús. Tú dijiste: "Si quieres agradarme confía en mí: si quieres agradarme más, confía más.
Si quieres agradarme inmensamente,
confía inmensamente en mí.
Te pido que aumentes mi confianza.
Yo quiero confiar inmensamente en Ti.
En Ti Señor espero. Y no dejaré de amarte eternamente.

Divino Niño Jesús: Líbranos de todo mal. Amén.

Consagración del hogar

Divino Niño Jesús que bendices y proteges las casas donde está expuesta y es honrada tu Sagrada Imagen: Te elegimos hoy y para siempre por Señor y Dueño de nuestra casa, y te pedimos que te dignes demostrar en ella tu poderoso auxilio, preservándola de las enfermedades, del fuego, del rayo, de las inundaciones, de los terremotos, de los ladrones, de las discordias, y de los peligros de la guerra.

Bendice y protege a las personas que aquí habitan y concédeles la paz, una gran fe,

verdadero amor a Dios y al prójimo, paciencia en las penas, esperanza en la vida eterna,

facilidades de trabajo, empleo y estudio, y la gracia de evitar los malos ejemplos,

el vicio, el pecado, la condenación eterna y todas las demás desgracias y acc












La infancia de Jesús ha motivado una gran devoción en muchos corazones a lo largo de la historia

y en la actualidad la imagen del Niño Dios es expuesta en parroquias, capillas, iglesias o casas alrededor del mundo.

Aquí presentamos 8 datos que quizás no conocías sobre la devoción al Divino Niño:

1. La confianza en la niñez está fundada en la Biblia

LAS MÁS LEÍDAS

Desde las Sagradas Escrituras, Dios nos recuerda que debemos transformar nuestros corazones

para ser parecidos a Jesús, al reconocer nuestra pequeñez y depender de la ayuda divina

como niños.

“Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos”, indica Jesús en el Evangelio de Mateo.

En el Evangelio de Juan, Cristo también invita a que confiemos en Él. “Y todo lo que pidáis

en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo”, afirma Jesús.


2. Es una devoción muy antigua entre los católicos

Antiguos escritos indican que la devoción al Divino Niño empezó en el Monte Carmelo (Israel),

donde, según la tradición, Jesús iba frecuentemente a pasear y a rezar con sus padres,

San José y la Virgen María, y sus abuelos San Joaquín y Santa Ana.

El Niño Jesús se ganó el aprecio y cariño de las personas que se reunían también a orar

en el monte, quienes, después de la ascensión de Cristo, continuaron con la devoción

al Niño Jesús.

Años más tarde, los carmelitas extendieron el amor por la infancia de Jesús a todo el mundo.

3. Varios santos difundieron la devoción

San Antonio de Padua y San Cayetano fueron muy devotos del Niño Jesús, y por eso

se les representa llevándolo en brazos. Incluso el Divino Niño se le apareció en una ocasión

a San Antonio de Padua.


Otros santos que contribuyeron grandemente a difundir la devoción al Niño de Belén fueron

Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz.


Santa Teresa de Jesús le tenía un amor tan grande al Divino Niño que un día al subir una escalera obtuvo tener una visión en la que contemplaba al Niño Jesús tal cual había sido en la tierra.

En recuerdo de esta visión la santa llevó siempre en sus viajes una estatua del Divino Niño,

y en cada casa de su comunidad mandó tener y honrar una bella imagen del Niño Jesús

que casi siempre ella misma dejaba de regalo al despedirse.

4. “Por los méritos de la infancia de Jesús, nada te será negado”

En el año 1636, Jesús le hizo una promesa a una monja carmelita del convento de Beaune

en Francia, conocida como la Venerable Margarita del Santísimo Sacramento.

Cristo le dijo: “Todo lo que quieras pedir, pídemelo por los méritos de mi infancia,

y nada te será negado”.

La monja, que falleció a los 29 años, recibió la misión de propagar especialmente la devoción

a la divina infancia de Cristo.

5. Existen varias representaciones del Niño en el mundo entero

Desde hace unos 300 años la devoción al Niño Jesús se extendió rápidamente por Europa,

América, Asia, África y Oceanía.

Entre las representaciones más conocidas se encuentran: El Niño Jesús de Praga,

en Checoslovaquia; el Santo Niño de Atocha, en México; el Divino Niño de Arenzano, en Italia

y el milagroso Niño Jesús de Bogotá en Colombia.

6. El P. Juan del Rizzo difundió esta devoción en Colombia

El sacerdote salesiano P. Juan del Rizzo llegó a Barranquilla (Colombia) en 1914

y con gran esfuerzo se dedicó a recaudar fondos para la construcción de un templo,

aunque sin éxito. Entonces sintió que debía pedirle este milagro al Señor por los méritos

de su infancia.

Desde entonces, el éxito del sacerdote fue extraordinario y se convirtió en un gran devoto

del Divino Niño, dedicando su vida a la propagación de la devoción.

En 1935 el P. del Rizzo fue trasladado a Bogotá, donde providencialmente se encontró

con una preciosa imagen del Divino Niño. Luego, se la llevó a los campos de la obra juvenil

salesiana en el barrio “20 de julio”.

De esta manera, los fieles empezaron a venerar la imagen como el Divino Niño y son muchos

los que hasta ahora dicen que al acogerse a esta advocación han obtenido muchos milagro

s y conversiones.

7. El P. del Rizzo dio a conocer 4 condiciones para obtener favores del Divino Niño

1°. Ofrecer la Santa Misa durante nueve domingos, confesarse y comulgar al menos en uno de ellos.

2°. Dar una libra de chocolate (o equivalente en dinero o en comida) a los pobres.

3°. Si la persona puede, que done víveres, o su equivalente en dinero, a las familias pobres.

4°. Propagar la devoción al Divino Niño narrando a otros los milagros que Él hace a sus devotos, repartiendo novenas, estampas y almanaques.

8. Su fiesta se celebra en diferentes fechas

Gracias a que el P. del Rizzo comenzó la devoción a la infancia de Cristo en el barrio “20 de Julio”

de Bogotá, muchos países de Latinoamérica como Perú, Costa Rica y Nicaragua

acogieron esta fecha para celebrar la devoción al Niño Jesús.

Sin embargo, la Iglesia en otros países, como Colombia, también lo recuerda el primer domingo

de septiembre, al concluirse la tradicional novena en la que los fieles rezan al Divino Niño

los 9 primeros domingos de cada mes.









Escribe aquí tu párrafo.


             Que por los méritos de la  infancia de Nuestro 

                                      Señor Jesucristo sean perdonados todos nuestros pecados,

                            Que actuemos a semejanza de Jesus desde su infancia,

                                           con pureza de pensamiento,castidad en nuestros cuerpos,

                                           amor en nuestros corazones.

             Fijemos nuestros ojos  en la humildad de Jesus,

                                           en su obedicencia,en hacer siempre la voluntad del Padre

                                           en todo y en toda circunstancia,sabiendo que todo obra

                                           para nuestro bien espiritual,nuestra salvacion y vida eterna.




Historia de la devoción 


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